Las palabras Feng Shui significan “Viento y Agua”.
Los antiguos sabios chinos consideraban que la energía – el Qi – era transportada por el viento y retenida por la presencia del agua.
El Feng Shui forma parte de la metafísica china, Es el arte de interpretar los patrones del universo y vivir en armonía con el entorno.
La metafísica estudia lo invisible para explicar lo visible. Se ocupa de los principios fundamentales de la existencia, más allá de aquello que podemos percibir a simple vista.
El Feng Shui combina observación, arte y cálculos matemáticos muy concretos. Sin embargo, muchas personas todavía lo confunden con supersticiones, objetos chinos, bolas de cristal y determinados rituales.
Estas prácticas pertenecen a interpretaciones populares y simplificadas, pero no representan el Feng Shui clásico.
Sus raíces se remontan a varios miles de años y su conocimiento fue desarrollándose durante siglos en China. El Feng Shui estudia la disposición, la orientación y las características de los espacios para comprender cómo circula en ellos la energía vital, conocida como Qi.
Su finalidad es aprovechar el potencial de un espacio y crear unas condiciones que puedan favorezcan la salud, el bienestar y la prosperidad.
Vivimos en un mundo cada vez más exigente y sometido a cambios acelerados. Por eso, el equilibrio ha adquirido más importancia que nunca.
Los antiguos sabios taoístas ya comprendían la estrecha relación que existe entre el ser humano y su entorno. Recuperar estos conocimientos milenarios puede ayudarnos a vivir con mayor equilibrio, menos fricciones y más bienestar, tanto en el ámbito personal como en el profesional.
El auténtico Feng Shui es invisible, pero sus efectos pueden sentirse cuando se realizan cambios adecuados en un inmueble.
El objetivo de un estudio es aprovechar las zonas beneficiosas de una vivienda o un negocio y reducir el uso de aquellas que resultan menos favorables.
Para ello se integran la Escuela de las Formas y la Escuela de la Brújula, junto con sus correspondientes subescuelas. Su análisis permite comprender el flujo del Qi y determinar cómo optimizarlo.
No entraré ahora en explicaciones demasiado técnicas. En las próximas entradas desarrollaré con más detalle algunas de estas cuestiones.
Con este primer artículo quiero transmitirte algo esencial: el espacio que te rodea importa.
Lo que ves al mirar por las ventanas, la forma en que la calle llega hasta tu casa o aquello que encuentras frente a la puerta forman parte de la información energética del inmueble.
Lo que ves te influye y lo que no ves también.
El Feng Shui es como la acupuntura de un espacio: identifica bloqueos invisibles y ayuda a desbloquearlos.
El entorno influye en ti aunque no seas consciente de ello. Cuando tu energía y la del espacio no están alineadas, ese desequilibrio puede desgastarte silenciosamente.
Por eso, quiero dejarte una pregunta para la reflexión:
Un estudio no se limita a observar la decoración: analiza el entorno exterior, la orientación, la distribución y el momento temporal del inmueble.